Aconsejándote

Muchas veces hemos escuchado que se puede vivir en paz en medio de la tormenta. Eso es muy cierto. Hace algunos años atrás, conocí a una señora que era maestra de escuela bíblica de niños. Ella se enfermó de cáncer en el seno y cuando lo descubrieron era demasiado tarde. Su cáncer se había regado por todo el cuerpo. Un día fui a verla al hospital. Sentía miedo de verla porque pensaba que la vería demacrada y moribunda. Y ciertamente estaba pálida y desmejorada, pero me recibió con una sonrisa en los labios y con mucho ánimo. En realidad físicamente se veía enferma, pero su espíritu estaba sano. Su alegría y su ánimo hizo que me sintiera bien y feliz de estar allí con ella. Su físico podía estarse desmejorando, pero ella había encontrado la mejor medicina para su espíritu. Ella sabía que aunque su cuerpo un día cedería a la muerte física y dejaría esta tierra, estaba segura de que pasaría a una mejor vida. Su actitud ante la adversidad había cambiado su semblante físico.
El odio, la ira y el rencor son como un equipaje pesado que no nos permite avanzar, que nos oscurece el pensamiento y termina envenenándonos el alma y cuando esto ocurre no nos permite disfrutar la vida con paz y felicidad. Dios, a través del libre albedrío y la gracia nos da la oportunidad de comenzar nuevamente a ser plenamente felices. Nos toca pues decidir.
La felicidad no es algo que dependa del ambiente que nos rodea o las personas que tengamos a nuestro alrededor. LA FELICIDAD ES DIOS MISMO ACTUANDO EN NUESTRA VIDA. Si realmente queremos sentirnos en paz y felices, debemos decidir ELEGIR ser felices aún por encima de lo que sintamos o querramos hacer. Debemos querer que nuestras heridas cierren y dejen de hacernos doler. NADIE puede lastimarnos más que nosotros mismos.
La falta de perdón es como un veneno que poco a poco va lacerando nuestra alma y nos quita la paz y por consecuencia nos quiere robar la salvación (Mateo 6:14). No dependemos de nadie que no sea Dios para sanar nuestra alma. El nos brinda el remedio para esa sanidad a través del perdón.
Perdonamos cuando reconocemos que solo Dios es perfecto y que en la tierra no hay nadie perfecto. TODOS somos imperfectos y pecadores (Romanos 3:23) Perdonamos cuando nos damos cuenta de que si Dios me da la capacidad para perdonar a quien me ofendió, a esa persona también le ofrece la capacidad de arrepentirse. Perdonamos cuando dejamos de magnificar lo que nos hicieron. Perdonamos cuando dejamos de tenernos compasión a nosotros mismos y bendecimos a quienes nos han hecho mal (Lucas 6:28). Perdonamos cuando dejamos de sentirnos culpables y autocriticarnos (Mateo 22:39). Perdonamos cuando dejamos de juzgar, criticar y reclamar por lo que nos hicieron. Perdonamos cuando dejamos de jugar a ser Dios y comenzamos a reconocer que necesitamos a Dios.
Que no nos importe si la persona que nos ofendió se arrepintió o no. Ese no es nuestro problema. Ese es problema de esa persona y Dios. Que no nos importe cuando se arrepentirá o si nos pide perdón o no. Procuremos que nosotros podamos perdonar y sanar nuestra alma. Perdonar es una actitud, es una decisión que nos permitirá crecer como ser humano y nos desintoxicará el alma.
No envenenes tu alma
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”
Efesios 4:31
¿Cómo quieres vivir la vida? ¿En paz y feliz o con ira, enojo y rencor? Dios nos dotó con la capacidad de elección. Así que tu decides si quieres vivir en paz y feliz o con ira, enojo y rencor. Nosotros por nuestra propia cuenta o por nuestra propia capacidad no podemos elegir correctamente. Tenemos que aceptar que necesitamos que la Gracia de Dios actúe en nuestras vidas. La Gracia es un favor sobrenatural y gratuito que Dios concede al ser humano para llevarlo a la salvación. La Gracia y la salvación son regalos que Dios nos da. Por lo tanto, cuando DECIDIMOS vivir la vida con ira, rencor y enojo con nuestros semejantes, en realidad lo que estamos haciendo es rechazar el regalo que gratuitamente Dios nos da.
Wilma I. Torres
Wilma I. Torres

"Arrepiéntanse para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor". Hechos 3:19
Suelta el pasado y comienza vivir el presente. ¿Y qué es realmente vivir el presente? Vivir el presente no significa desechar el pasado porque gran parte de lo que eres actualmente se lo debes a tu pasado. Lo vivido no se puede apartar, ni siquiera olvidar, pero no debe estancarnos como ser humano. Vivir el presente significa centrarte en tu momento actual y estar consciente de tu pasado y tu futuro. Me explico. Las cosas negativas que vivimos en el pasado mucha veces nos marcan, pero
éstas no deben detener nuestro presente ni nuestro futuro. Significa entonces que las cosas negativas en nuestro pasado son una enseñanza y una oportunidad para enmendar nuestro presente y nuestro futuro. Detenerse significa guardar odio, ira y deseos de venganza. Significa quedarnos en el pasado y vivirlo en nuestro presente.
En muchas ocasiones quedamos atrapados en un pasado que ya no existe y vivimos con remordimientos y culpas que pertenecen a un tiempo que pasó. Así que para vivir el presente tenemos que aprender a disfrutar el aquí y el ahora. VIVIR UN DÍA A LA VEZ sin mirar hacia atrás, pero mirando el futuro.
Perdonar DEBE ser una meta no del futuro sino de nuestro presente. ¿Por qué? Porque nuestro futuro depende de lo que vivamos en el presente. Además, de que no perdonar nos estará estancando en el pasado y no nos permitirá ni vivir el presente plenamente ni avanzar hacia nuestro futuro con salud emocional.
¿Cómo puedo perdonar y comenzar a caminar en mi presente hacia el futuro? Tenemos que estar dispuestos a pasar la página de nuestro pasado y decidir continuar nuestro camino hacia el futuro con las experiencias que aportó a nuestra vida ese pasado.
Es muy probable que las experiencias del pasado te hayan marcado de tal manera que te sea difícil caminar. Sin embargo, si te colocas en el lugar de la persona o personas que te ofendieron podrías sentir compasión por ella y desear continuar tu camino. Tal vez puedas obtener un alivio a tu sufrimiento o tu coraje para poner ese recuerdo en el baúl del pasado.
Colocarnos en la posición humana de quien nos ofendió nos dará la oportunidad de ver gente pobre de espíritu, con ira, resentimiento y rencor. Gente probablemente con envidias, con deseos distorcionados, personas egoístas, manipuladoras, mentirosas, prejuiciosas e intransigentes. Personas inseguras, oportunistas y alejadas de Dios. Mira las condiciones en que se crió tu ofensor, qué educación tuvo, qué modelos tuvo en su niñez, qué oportunidades tuvo en la vida, con quienes se rodeó, sus sueños frustrados. Todas estas cosas nos hacen ver la condición humana de nuestro ofensor. Esto no solo nos hará sentir libres sino que nos dará paz interior y nos fortalecerá. Este ejercicio te hará tomar consciencia de que no vale la pena continuar oprimiéndonos con ira, odio, rencor y deseos de venganza por alguien que lo que realmente tiene es que VIVE ALEJADO DE DIOS.
La vida te da la oportunidad de vivir tu presente y caminar hacia el futuro lleno de experiencias buenas y otras no tan buenas pero que igualmente han hecho la persona que eres hoy. Una persona capaz de alcanzar la madurez, fortalecerse y tener compasión. Enfrenta el pasado con valentía y decide despojarte del peso de la amargura, la rabia y el resentimiento para dar paso al amor, la empatía, la alegría y la confianza en ti mismo. Vale la pena darte la oportunidad del perdón. Suelta el pasado, vive el presente y camina hacia el futuro.
La oportunidad del perdón
El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.
William Shakespeare
© 2017 por Wilma Torres Consejera.
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